Blog de Apolo Agencia Digital

El poder de las palabras en la identidad de marca

Hay un elemento fundamental que las marcas deben cuidar para constituir su mensaje y llegar a los consumidores de forma eficaz: las palabras. Las palabras tienen un gran impacto en la percepción del consumidor respecto a la marca. Según la forma en la que se digan pueden modificar completamente la idea en la mente del público. Es por ello que hay que dedicarle especial cuidado. Pero, ¿cuál es el poder de las palabras en la identidad de marca?

Las palabras inciden en nuestro recuerdo y en cómo los mensajes se quedan en nuestra memoria, porque las personas recordamos más a largo plazo la forma en la que se dicen. Cuando hablamos de identidad de marca, debemos hablar de identidad visual (elementos gráficos, conjunto de signos que identifican a la marca) y de identidad verbal que es el lenguaje, el conjunto de expresiones orales y escritas, las palabras. Es todo aquello que la marca transmite a través de la expresión verbal:

  • Naming de marca, negocio, producto, dominios, etc.
  • La voz de la marca
  • El tono con el que se comunica la marca.
  • Misión, visión, promesa de marca, taglines, eslóganes, titulares publicitarios, etc.
  • Vocabulario de la marca: las palabras clave que pueden dotar de personalidad a la marca.
  • Dimensión sonora: voces corporativas, música, jingles, etc.

De las palabras al Naming de marca

Un buen nombre debe empezar a funcionar desde el minuto cero. Para ello hay que hacer un completo ejercicio de naming, para diferenciarnos, romper con lo establecido e irrumpir con fuerza entre nuestros competidores. Y cuando hablamos de naming, no solo nos referimos al nombre de nuestra marca, también al de nuestros productos o servicios.

El cómo se llame un producto puede ser decisivo en la apreciación del mismo (y de la marca) y afectar a la intención de compra.

Y va más allá, incluso influir en el sabor de los productos y en la sensación de cantidad. Un estudio demostró que el nombre que se adjudica a un producto, como por ejemplo un plato de comida en un restaurante, puede cambiar la percepción y el comportamiento que el consumidor tiene hacia él. En este estudio, los participantes probaron dos platos, con la misma comida e igual cantidad. Y en cada plato pusieron un nombre distinto, “normal” y “doble ración”. El resultado fue que los participantes dejaron 10 veces más comida en los platos de “doble ración”.

Un caso de éxito muy reconocido es el de Ikea y los nombres extraños de sus artículos para la población que no es escandinava. Son nombres muy dificiles de recordar y de pronunciar, pero se han hecho muy populares en nuestra sociedad, integrándose en la cultura y convirtiéndose en una de las huellas de la identidad de la marca Ikea.

 

La firma juega con sus nombres para conectar con su público. Pero también le ha traído algún que otro problema en la interpretación de los nombres en países totalmente distintos, como le ocurrió con el nombre del peluche “Lufsig” en China: un lobo de peluche cuyo significado en el país asiático era algo así como “las partes privadas de una madre”. En este caso, la traducción puede ser un problema y el branding global tiene que indagar más allá de su mercado y explorar todas las posibilidades de interpretación. Ikea en Tailandia significa “meter mano”, otro punto que la marca debería haber tenido en cuenta.

“El poder de las palabras en la identidad de marca va a incidir en la reputación. Y un mal nombre puede terminar con todo”.

Ayer compartíamos en Instagram el “Proyecto de Creación de Nombres” donde explicamos de forma resumida tres fases que te pueden ayudar a elegir un buen nombre para tu negocio, o para tu producto o servicio. Porque un buen nombre puede marcar la diferencia entre despegar hacia el éxito o aterrizar en el fracaso. Para evitar esto, hay que empezar por:

La 1) fase de conceptualización

Tener claro qué queremos decir con ese nombre y qué queremos transmitir, para establecer unos objetivos alcanzables.

La segunda fase es la 2) lluvia de ideas donde todas las palabras que se nos ocurran deben ser apuntadas en una lista sin límites, hasta 5.000 palabras. En esta segunda parte no hay límite a la imaginación. Debemos recoger todo lo que relacionemos con nuestra marca, por poco sentido que tenga. Esto nos va a ayudar a acercarnos al nombre final. En esta segunda fase, debemos ir aplicando filtros de descarte para quedarnos con una lista final de no más de 20 palabras o nombres.

En la última fase, 3) comprobar que los últimos resultados no se encuentran registrados y respetan las pautas jurídicas, lingüísticas y sobre todo culturales, que comentamos en este post.

Cristina Garcia

Cristina Garcia

PR & Adv. Madrid Miembro de la tripulación de Apolo Agencia Digital ¿Lo mejor de mí? El bonito acento andaluz que tengo

Comentar

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

¿Te gustan nuestros artículos?

Suscríbete a nuestros blog y no te pierdas nuestras publicaciones